Hacia fines de la Edad Media, la música de las cortes de al-Andalus (musiqa al-andaloussi) fue danzada por destacadas solistas o por cuerpos de danza completos. Se elaboraban coreografías y representaban escenas, y cada ciudad deseaba atraer a su corte a las más importantes cultoras de este arte. El poemario andalusí las representa danzando en los jardines durante la puesta de sol, o en los ojos del sultán enamorado de su esclava cantora (Qayna).
La tradición musical conservó su lugar dentro de la nuba, el tiempo vivo de danza, Khlas de Argelia y Quddam de Marruecos. Su danza, sin embargo, declinó hasta desaparecer de la interpretación pública de los repertorios andalusíes. Resguardada en el espacio íntimo de la boda, las formas elegantes de esta danza cortesana sobrevivieron en las danzas citadinas de raíz andalusí, como el zendali de Constantina (Argelia).


