La Púrpura de la Rosa (primera parte). Syntagma Musicum


Daniel Quiroga
1/11/1999

El estreno en Chile de “La Púrpura de la Rosa”, primera ópera barroca con música de Tomás de Torrejón y Velasco (1644-1728) sobre un texto de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), es un esfuerzo artístico que, en nuestro parecer, supera el marco habitual de un estreno operístico. Este título señala la primera audición completa de la primera ópera representada en nuestra América. Su existencia se dio a conocer en Chile al divulgarse los estudios musicológicos de Robert Stevenson y Samuel Claro en la “Revista Musical Chilena” (N” 117, 1972) de la Facultad de Artes de la U. de Chile.

Al estudiarse la presencia de la música dramática en el período barroco americano, el aporte de España señaló a Torrejón y Velasco como su más antiguo representante. Luego de establecerse en Lima como maestro de capilla de la catedral del Virreinato, gozó de fama en Sudamérica. Los investigadores fijan en 1701 el año de estreno en Lima de la ópera de Torrejón y Calderón. Los estudiosos del repertorio musical sudamericano destacan en “La Púrpura de la Rosa” su calidad musical, con solos recitativos y coros, y un desarrollo escénico que logra con realismo la unidad del espectáculo.

La representación estrenada en el Aula Magna de la Universidad de Santiago nos parece una realización singular en nuestro medio. Tomando como base el escenario de esa universidad y el grupo instrumental Syntagma Musicum, con su director Alejandro Reyes como director general, se integraron catorce cantantes provenientes de las universidades Católica y de Chile, con lo cual se completó un equipo interuniversitario, que reunió investigadores, ejecutantes, cantantes especialistas en música antigua, y profesionales en escenografía, vestuario e iluminación, ya acreditados en el país.

Tal conjunto trabajó arduamente en la preparación de esta ópera y finalmente todos llegaron al escenario de la Usach, logrando el montaje, la interpretación musical y la disciplina que el espectáculo barroco pide con un resultado impactante por su profesionalismo y la bella realización.

Aparte de algunos nombres ya destacados en el ambiente lírico y, ciertamente, el de su director Alejandro Reyes, lo nuevo e interesante es que hay una lección para los que ofrecen espectáculos líricos en Chile. Y es que para hacer música de calidad no se necesitan “divos”, pero sí elementos artísticos con base musical seria y disciplinada y el manejo vocal consciente, por pequeño que sea el aporte de su rol.

La belleza musical y escénica que surge de un compositor que logra emoción y diversión, con sobriedad hispana, alejada del derroche “belcantista” y realizada por elementos de formación seria, llegó a la concurrencia en forma que ganó merecida ovación. Un espectáculo que hace pensar y que ojalá sea tomado en cuenta para tantas otras obras del género lírico que permanecen desconocidas en nuestro medio. Es claro, por ahora hablamos en general, pero habría que detenerse en otros aspectos que se tratarán en un siguiente artículo.

Fuente: http://www.emol.com/tiempolibre/musica/critica/detalle/index.asp?id=117&tpl=criticacon
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