El Bajo Continuo



Así como en el Renacimiento la textura básica era la polifonía de voces independientes, en el Barroco los compositores intentaron cambiar esta práctica por el canto monódico acompañado, respetando la herencia de algunas formas antiguas en desuso como las cantilenas del siglo XIV. La novedad posee una única línea melódica y un bajo que es protagonista del despliegue armónico. Con este fin, la línea de la voz grave se confiaba a un instrumento o grupo de instrumentos llamado continuo (por lo general clave, órgano, laúd o violoncello), que ejecutaba una serie de acordes pautados por las cifras del bajo, a la que era posible sumar la viola da gamba o el fagot interpretando la melodía del bajo.

Realización

La realización es el proceso de conversión del bajo cifrado en acordes. Estaba dotado de improvisación, al ir tejiendo un entramado de acordes y arpegios a modo de sustento armónico de la melodía principal, aportando de voces interiores de relleno a la obra. Si sobre el bajo aparece un 3, un 5 o un 8, eso indica la construcción de un acorde perfecto siendo su voz superior, la tercera, la quinta o la octava del bajo respectivamente. Los acordes pueden aparecer invertidos también, con una nota diferente de la fundamental en el bajo. Así, por ejemplo, el acorde de sexta indica la primera inversión: en do mayor, el mi está en el bajo y determina una sexta con el do. La segunda inversión del mismo acorde tendría a la nota sol en el bajo y la indicación cuarta y sexta (un 6 sobre un 4) para señalar la presencia de do (la cuarta) y de mi (la sexta).
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