El Clavecín






El clavecín es un instrumento de cuerda pulsada, pulsación que se produce con un mecanismo controlado por medio de un teclado. El mecanismo funciona de la siguiente manera: sobre el extremo de la tecla que está más distante del que tañe, reposa en posición vertical una pieza de madera llamada martinete. Al pulsar la tecla, el martinete sube, y al soltarla, baja. En la parte superior del martinete se inserta una pequeña lengüeta de madera que pivota alrededor de un eje; en una ranura que tiene la lengüeta, se coloca la púa o plectro que pulsará la cuerda. La lengüeta tiene por detrás un resorte que actúa como muelle, de manera que al subir el martinete el plectro pulsa la cuerda, y al bajar, la lengüeta pivota para atrás y el plectro se desliza por la cuerda sin pulsarla y volviendo a su posición original. Por último, en el extremo superior del martinete hay una ranura en la que se coloca un pequeño trozo de paño o fieltro, así, cuando el martinete baja, el fieltro apaga la vibración de la cuerda.

El clavecín puede también tener uno o dos teclados. Si tiene dos teclados tenemos la posibilidad de tocar con dos registros diferentes simultáneamente (una mano en cada teclado), o de hacer cambios de registración (pasando de un teclado a otro) sin tener que parar para mover el registro ni tener al menos una mano libre para hacerlo, como dije antes. Esta posibilidad de usar simultáneamente los dos teclados surge a mediados del siglo XVII, puesto que anteriormente todos los claves tenían un solo teclado, excepto algunos que se hacían en Flandes ya desde la última década del siglo XVI, que eran de dos teclados, pero no se podían tocar simultáneamente puesto que el teclado superior era transpositor y pulsaba las mismas cuerdas que el teclado inferior, a distancia de una cuarta, con lo que los teclados no estaban paralelos. Esto se ve claramente si se observa con atención el cuadro de Brueghel-Rubens que hace referencia al oído, dentro de la serie de los cinco sentidos, que está en el Museo del Prado. Hay un caso excepcional de un clave de tres teclados, construido en 1740 por Hieronymus Hass.

Virginal, espineta y clavicordio, son instrumentos diferentes. El virginal y la espineta tienen exactamente el mismo funcionamiento que el clave y, por tanto, son también instrumentos de cuerda pulsada con teclado, pero se diferencian del clave en varias cosas. Ambos son instrumentos con un solo registro, más pequeños y de construcción más sencilla. La espineta puede tener la caja con forma rectangular o poligonal; el virginal la tiene siempre rectangular. La espineta suena como un clave, pero con un sonido más débil; el virginal tiene un sonido diferente al del clave porque tiene una diferencia importante de construcción: los martinetes atraviesan la tabla armónica en diagonal y pulsan la cuerda casi por la mitad de su extensión, con lo que se produce un sonido muy potente y aflautado. No obstante, conviene advertir que, al menos durante todo el siglo XVII, el término "virginal" designaba en Inglaterra cualquier instrumento de cuerda pulsada con teclado.

El clavecín surge probablemente por el deseo de poner un teclado al salterio. La referencia más antigua que se conoce data de 1397 y la primera representación de la que se tiene noticia, es una escultura en un altar de 1425 en Minden, al noroeste de Alemania. Ha llegado hasta nosotros un manuscrito, de aproximadamente 1440, cuyo autor, Arnaut de Zwolle, miembro de la corte del duque de Borgoña, dibuja de manera inequívoca un clave con al menos tres sistemas bastante complejos para producir el pulsamiento de la cuerda. No obstante, se sabe que ya en 1419 había bastantes constructores de clavecines en el norte de Italia; de hecho, un gran número de los instrumentos antiguos que sobreviven son italianos, entre ellos el más antiguo (1521) y prácticamente todos los que se conservan del s. XVI.

La literatura para este instrumento abarca, en una primera etapa, los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, aunque es en estos dos últimos cuando alcanza su máximo esplendor y cuando tiene un repertorio propio, ya que durante todo el XVI y gran parte del XVII la música se componía para tecla, es decir, indistintamente para clavecín, órgano o clavicordio. A partir del tercer cuarto del siglo XVIII su uso va decayendo en favor del piano, instrumento éste que se adapta mejor al nuevo estilo musical imperante: el llamado clasicismo vienés. Pero antes de que esto ocurra, se ha formado ya un repertorio muy amplio, con compositores que van desde A. de Cabezón hasta la generación de los hijos de J. S. Bach e, incluso, Haydn y el primer Mozart, pasando por Frescobaldi, Picchi, M. Rossi, Storace, A. Scarlatti, Durante, Pasquini, Geminiani, Della Ciaja, Sweelinck, Byrd, Bull, Gibbons, Tomkins, Purcell, Chambonnières, L. Couperin, D'Anglebert, F. Couperin, Rameau, Forqueray, Duphly, Froberger, Weckmann, Buxtehude, Pachelbel, Kuhnau, J.K.F.Fischer, G.Böhm, G. Muffat, Mattheson, Fux, J.S.Bach, D. Scarlatti, Soler y Albero, por citar solamente a unos pocos.

Además de este repertorio como solista, el clavecín tiene un papel muy importante en la música de cámara, realizando el bajo continuo en casi todo el repertorio para voz o para instrumentos melódicos a lo largo de todo el siglo XVII y la primera mitad del XVIII, labor que también realiza en la música orquestal, en la ópera, oratorio, cantatas, etc.

El clavecín desaparece por completo en el siglo XIX por razones estéticas, ya que la nitidez de su sonido y su carencia de flexibilidad dinámica no se adapta a las exigencias románticas. Pero son esas mismas cualidades las que hacen que sea apreciado en el siglo XX, que explota, además, el carácter "mecánico" del instrumento. De la mano de W. Landowska, redescubridora del instrumento, surgen obras como El Retablo de Maese Pedro y el Concerto per il Cembalo de M. De Falla y el Concierto campestre de F. Poulenc. Estas obras inauguran una segunda etapa de esplendor en el repertorio del instrumento, para el que han compuesto obras una gran cantidad de compositores de nuestro siglo, entre los que se pueden citar, sin ánimo de ser exhaustivo, autores como Milhaud, Martinu, Franÿaix, Frank Martin, Ohana, E. Carter, Gorecki, Montsalvatge y R. Gerhard, todos ellos con obras para clavecín solista y orquesta; y en repertorio de clavecín solo o en formaciones camerísticas, además de los citados, otros como Andriessen, Berio, Busoni, Cage, Casella, Cerha, Castelnuovo-Tedesco, H. Cox, Denisov, Donatoni, Dodgson, Farkas, F.Guerrero, C. Halffter, G.Jacob, M.Kagel, Krenek, Ligeti, L. De Pablo, Penderecki, Petrassi, Pinkham, Planyavsky, E. Rincón, J.M.Sánchez-Verdú, Sciarrino, Schnittke, P. Sáenz, Tansman, Takemitsu, Tcherepnin, Vaugham Williams y un larguísimo etc.

Fuente: http://cantatas.iespana.es/hisclav1.htm

1 comentario:

mercedes dijo...

holas!!!

ta weno el blog,sigue actualizandolo y nu me he pasado por qa de nuevo se me ha perdido la cuenta con que puedo dejar comentarios.

el articulo es excelente....una pregunta.....que es el harpischord??es algo parecido al clavecin??
bueno te dejo la pregunta.

adioss,q estes bien.