La violinista chilena Ana Liz Ojeda se presentará en el Ciclo de Cámara IMUC junto a otros destacados músicos de la escena nacional

Conciertos Educativos

Jueves 14 de junio, 13:00 hrs.
Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaroa
Campus San Joaquín,
Vicuña Mackenna 4860, Macul
Entrada Liberada

Viernes 15 de junio a las 20:00 hrs.
Aula San Mateo, Campus Oriente UC
Av. Jaime Guzmán 3300, Providencia
Entrada Liberada

Conciertos Completos

Sábado 16 de junio, 19:30 hrs.
Aula Magna, Centro de Extensión UC
Alameda 340, Santiago
Entrada Liberada

Martes 19 de junio a las 19:30 hrs.
Sala 1 GAM, Alameda 227, Santiago
Entrada Liberada
(Las entradas se entregan a las 19:00 hrs en la misma sala)

Ana Liz Ojeda, violinista chilena e integrante de la Accademia Bizantina

Della musica per il violino, sexto concierto del ciclo, contará con una serie de piezas de música antigua en las que el violín cumple un rol fundamental. Se presentarán obras para violín con rol solista, a dúo y en ensamble de diversos compositores de 1600 como Giovanni Battista Buonamente, Michelangelo Rossi, Tarquinio Merula, entre otros. Entre los intérpretes, que se presentarán entre el jueves 14 y martes 19 de junio, contaremos con los violinistas Ana Liz Ojeda y Gonzalo Beltrán, Sebastián Mercado como violonchelista, Eduardo Figueroa en el chitarrone y Verónica Sierralta en el clavecín.

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Programa

Primera parte

Giovanni Battista Buonamente (1595-1642)
Sonata X Sopra Cavaletto zoppo

Michelangelo Rossi (Michel Angelo del Violino) (ca. 1601/1602 – 1656)
Toccata Settima
Partite sopra La Romanesca

Tarquinio Merula (1595-1665)
Ciaccona para 2 violines y continuo
Capriccio cromático
Toccata secondo tono

Dario Castello (c. 1590 – c. 1658)
Sonata IV del II Libro de sonatas en estilo moderno (1629)

Segunda parte

Antonio Vivaldi (1678 - 1741)
Sonata para violín, violoncello & b.c. en do menor (RV 83)
Allegro
Largo

Sonata VIII en re menor RV 64
Preludio
Corrente
Grave
Giga

Arcangelo Corelli (1653 – 1713)
Ciacona para 2 violines y continuo en sol mayor, Op. 2 no.12
Largo
Allegro

Intérpretes
Gonzalo Beltrán y Ana Liz Ojeda, violines
Sebastián Mercado, violonchelo
Eduardo Figueroa, chitarrone
Verónica Sierralta, clavecín


Notas al programa

La presencia del violín en la cabeza de orquestas, en la voz de músicas desde lo popular a lo folklórico, e incluso en la imagen casi icónica de la idea de música clásica, nos genera una cierta conformidad, como si el violín siempre hubiese estado allí. En realidad, el proceso por el cual este se transformó en el rey de los instrumentos melódicos es uno lento, lleno de trabas, encuentros y desencuentros, de la búsqueda paciente de posibilidades creativas. La raíz de esta historia está en Italia, a comienzos del siglo XVII, cuando la música instrumental sin palabras empieza a ser valorizada (y escrita y vendida) tanto como la vocal. El violín tomó su forma actual, a partir de varios instrumentos anteriores similares, hacia mediados del siglo XVI, pero rápidamente se instaló como un instrumento admirado con familias de artesanos (como los Amati) y encargos millonarios de violines italianos como el solicitado por Carlos IX de Francia.

Hacia 1630, ya se había instalado un repertorio de violín, tomando las influencias de dos estilos distintos: la viola da gamba y la afección de la voz sola en la llamada ‘segunda práctica’ impulsada por compositores como Monteverdi. Este primer estilo -o escuela- del violín italiano puede escucharse con claridad en la primera parte del programa de hoy. Nótese como piezas como la sonata de Buonamente o la ciaccona de Merula claramente están incorporando elementos de las danzas en conjunto con una cierta vocalidad del violín, una cercanía a la voz a veces afectada por un virtuosismo aún ligero. De hecho, solo en algunas pocas ocasiones puede compararse este virtuosismo en el violín al que es audible en las tocatas para teclado del periodo (como la del mismo Merula o de Rossi), mucho más intrincadas en sus posibilidades de lucimiento.

Esta situación cambiaría totalmente hacia fines del siglo XVII, unas cinco o seis décadas más tarde, en que una nueva y popular escuela de violín se instalaría desde el norte de Italia en toda Europa. La figura central de esta nueva escuela es Corelli, quizás el compositor más influyente en la música instrumental del periodo. Nótese como ambos violines progresivamente juegan a competir por su propio virtuosismo expresivo y técnico en la Ciaccona de la última de las doce sonatas en trio que Corelli publicó en 1686 como su Op. 2. Aquellos que siguieron a Corelli, como Vivaldi, llegaron aún más lejos, transformando al violín en un verdadero virtuoso en la línea de los castrati de la época. Esto es evidente, por ejemplo, en el final de su Sonata no. 8 en re menor, y de un modo aún más operático en el bello -y eminentemente dramático- primer movimiento de la Sonata en do menor, RV 83. Esta es música escrita para conmover los sentidos e impresionar al auditor y lo sigue haciendo hoy tal cual como hace 300 años.

José Manuel Izquierdo
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